Aquí estoy otra vez, rota y abierta de par en par. La rabia surge.
El conflicto interno que se ha estado gestando crece como el musgo en el noroeste del Pacífico: espeso, implacable, alimentándose de la lluvia constante. Siento el peso de este dolor, la forma en que se aferra a mí en cada ciclo, en cada vuelta que doy alrededor del sol.
Este dolor se ha convertido en la gravedad que me mantiene en pie. Y aquí estoy. Rota. No vista. No escuchada. No amada. Sola.
Esta soledad, este vacío, se ha convertido en mi compañera más antigua. Se sienta al borde de cada punto de inflexión, de cada erupción, de cada cambio que puedo sentir pero que aún no logro nombrar.
Me digo a mí misma que conozco el patrón. Me digo que pasará. “Solo sigue respirando”. Solo unos días más y el suelo volverá a estabilizarse.

Escucha este episodio relacionado: 04: La muerte de una version tuya (Este episodio profundiza en el sentimiento de esperar a que el suelo se estabilice mientras nos perdemos en el proceso).
Pero esta vez, me lo estoy cuestionando todo. ¿Quién soy cuando las tormentas regresan una y otra vez? ¿Por qué estoy aquí? Y ¿por qué —si sé que lo que viene después es mejor— lucho tan ferozmente contra el acto de soltar?
Tal vez es el miedo a lo desconocido. Tal vez es el apego a lo que ya me queda pequeño, aunque ya no tenga espacio para mí. Tal vez es la frágil esperanza de que, si aguanto un poco más, la lluvia me regale una última rosa antes de partir.
O tal vez es el condicionamiento que todos cargamos: esa historia que dice que necesitamos un plan, un mapa, una llegada perfectamente programada para sentirnos seguras. La creencia de que dejar ir equivale a perder el control. Que rendirse equivale a fracasar.
Pero esto es lo que estoy aprendiendo:
Soltar nunca ha sido el enemigo. Es la manera en que hacemos espacio para lo que viene. Las cosas nuevas necesitan espacio. Necesitan aire, luz solar y ese tipo de confianza que crece lentamente en la oscuridad. No puedes simplemente quedarte bajo la lluvia deseando que florezca una rosa. Tienes que limpiar el terreno. Tienes que plantar la semilla. Tienes que quedarte lo suficiente para sentir cómo el suelo se mueve bajo tus pies mientras las estaciones cambian.
Escucha este episodio relacionado: 02: Como Honrar tus Deseos: Practicando Amor Propio y la Honestidad Radical (Hablamos sobre cómo limpiar el terreno de nuestra vida cuando el ciclo ha terminado).
Las estaciones siempre cambian. La pregunta no es si vendrá la próxima. Vendrá. La pregunta es si tendrás el valor de dejar ir la anterior para que haya espacio para lo que te ha estado esperando todo este tiempo.
En Poder. En Propósito. Bajo Mis Términos. ✨ Luisa Anderson
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